Cambiando la perspectiva de ver la adolescencia

“Los organismos jóvenes tienen que estar abiertos a lo desconocido, a fin de obtener información sobre su mundo."  (Ifat Levy - Universidad de Yale)

Terminamos las bebidas y aún nos sobraba tiempo para seguir "arreglando el mundo" hasta que cada uno tuviera que ir a su compromiso. El me sugirió: vamos a la playa, yo pensé: un banquito estaría bien para seguir conversando, pero él dijo: no, no, vamos a los bajos más cerca de la arena que hay menos viento y más tranquilidad. Fuimos.

Eran ya las 9.00 de la noche y la playa estaba casi desocupada, excepto por un par de adolescentes que hacían acrobacias a turnos. Entre risas calculamos la edad y por más que quisimos ponerles más años no nos daba la cuenta más de 18. Eran muy hábiles y no tenían ayudas (pelota - bossu o cuerdas) como en otras ocasiones había visto.

Nos pareció que lo hacían bastante bien, uno llevaba la delantera en cuanto a experticia en volteretas se refiere, eso estaba claro y demostrado, tenía más habilidad y animaba al otro a hacerlo mejor cada vez; abandonamos el tema del que veníamos comentando y nos centramos en este par de figuras.

Recordé y le comenté que semanas antes había visto la misma situación en la misma playa, solo que esa vez estaba llena de turistas y locales (niños, adultos, mayores) y tenían todo tipo de artilujios para ayudarse a que el show fuera más vistoso y por ende las acrobacias fueran más espectaculares; solo que esa vez no solo arriesgaban su vida si la pirueta tenía un mal final, también ponían en peligro a las personas que tenían que pasar por allí ya que estaban cerca a un acceso de escaleras.

Nos imaginamos a nuestra edad (34 casi alcanzando los 35) intentando hacer eso y le ganó la prevención a la diversión. Lo primero que vino a nuestra mente fue el pensamiento en el que estaban incluidas todas las formas en las que un salto de esos podía salir mal, luego pensamos en qué pasaría si alguien cerca también salía herido; estoy casi convencida que en ningún momento nos planteamos si seríamos capaces de hacerlo, si nos divertiríamos o no.

Por un momento me sentí triste cuando me vi a mi misma solo pensando en los riesgos y juzgando a estos chicos, catalogándolos de atrevidos, de irresponsables ante las consecuencias de sus actos; no tuve la capacidad en ese momento de pensar en que esa valentía que demuestran tiene su razón de ser.

Resulta que, según algunos estudios, los jóvenes son más propensos a tomar riesgos ya que la mayoría de las veces, son más receptivos a las consecuencias desconocidas, no porque en realidad sean atraídos hacia las situaciones de riesgo, como la mayoría de los adultos tendemos a pensar. Sucede que se encuentran más a gusto y se desenvuelven mejor que nosotros los adultos que en la mayoría de las ocasiones tendemos calificarlos de intrépidos y exhibicionistas ante su grupo de amigos.

Ahora que sé un poco más sobre ellos y su actitud ante la vida, volveré a la playa, volveré y me prometeré a mi misma tener la mente más abierta y disfrutar más de las maravillas acrobáticas que estos chicos son capaces de hacer.

Foto: Aida Poza Blog