Cuando la cabeza no para. 5 recomendaciones para preocuparte menos

La preocupación o ansiedad excesiva sobre asuntos diversos que se propaga por más de seis meses o más, puede señalar la presencia del Trastorno Generalizado de Ansiedad. 

El síntoma principal es la presencia frecuente de preocupación o tensión durante al menos seis meses, incluso cuando hay poca o ninguna causa clara. Las preocupaciones parecen flotar de un problema a otro. Los problemas pueden involucrar la familia, las relaciones interpersonales, el trabajo, el dinero y la salud. 

Aquí cinco recomendaciones que pueden ayudar si eres de los que se preocupa demasiado: 

  1. Aceptar la incertidumbre.
  2. Establecer un tiempo para preocuparse.
  3. Cuestionar los pensamientos negativos.
  4. Aprender a relajarse.
  5. Cuidar de uno mismo.
Aceptar la incertidumbre 

Tener controlados todos los aspectos de nuestra vida y de la vida de la gente que queremos es una utopía. Por tanto, algo de tolerancia a la incertidumbre habrá que desarrollar para vivir mejor. La incertidumbre es muy dura. A veces llega a ser incluso peor que lo negativo que ocurra. Habrás comprobado alguna vez que la imaginación puede ser más terrorífica que la propia realidad.

 Establecer un tiempo para preocuparse 

 Asumiendo esto y que hay pocas certezas en la vida, la alternativa más saludable para todos es la de evitar preocuparse por hipotéticas situaciones del futuro: aceptar la incertidumbre. Este hábito, aunque suene artificial, es efectivo. Como todos los hábitos, requiere de práctica, pero una vez adquirido tiene ventajas considerables: la de reducir la ansiedad y la de aumentar la sensación de autocontrol (haciendo un bien a la autoestima). Preocuparse sólo por la mañana o sólo después de la siesta, por ejemplo (nunca antes de dormir de noche) es más fácil que proponerse: “No me preocuparé más.” 

Si, por ejemplo, elijo preocuparme de 4 a 5 de la tarde, aplazaré cada pensamiento negativo hasta que llegue la hora o los minutos destinados a la reflexión. Ahí está el tiempo necesario para analizar un problema o situación sin que abarquen el día completo. Si decido postergar la preocupación unas semanas, podré estar tranquilo durante más tiempo hasta que llegue la hora de preocuparse. Todo está en fijar el momento para que la preocupación no se adueñe de más tiempo de la cuenta. 

Cuestionar los pensamientos negativos

Hay una serie de pensamientos que no tienen razón de ser; son irracionales. Éstos hacen que veamos aspectos de la realidad o del futuro de un modo terrorífico, pesimista. La manera de hacer frente a estos fantasmas es dándoles la cara; cuestionarlos. ¿Por qué tiene que ocurrir eso? ¿Qué le diría a otra persona que se está preocupando por esto?… A cada respuesta más desarmados estarán.

Aprender a relajarse

Las personas con tendencia a preocuparse en exceso tienen en la relajación un recurso para descansar de tanto agobio. Existen técnicas que, practicadas con constancia, son efectivas como, por ejemplo: ejercicios de respiración (lenta y profunda), la relajación muscular progresiva y la meditación. También hay otras actividades o ideas que ayudan a desconectar. La combinación perfecta para relajarse bien podría ser una buena mezcla de varias opciones… A ti te corresponde decidir su composición. 

Cuidar de uno mismo

No basta únicamente con satisfacer las necesidades biológicas básicas (comer, dormir, etc.); hay que hacerlo bien. Los malos hábitos, nos hacen física y mentalmente más vulnerables a la ansiedad. Una dieta adecuada, un sueño reparador, la práctica de ejercicio físico… 

Sí, esos asuntos relacionados con el bienestar de los que venimos hablando tanto por aquí no son compatibles con la ansiedad. 


Fuente: Helpguide.org.